OTRO PLATO DE MALDITAS CHIMICHANGAS

El autor aprovecha el estreno de Deadpool 2 para hablar de la primera Deadpool, del cine de superhéroes y de romper la cuarta pared. Todo con gracia y humor, casi como si la hubiera escrito el propio Deadpool.

 

El — de mayo se estrena Deadpool 2 y “aguante la ficción, carajo”, dijo alguna vez María Valenzuela y yo le doy la razón aunque esté viendo un documental, pero más que nada porque disfruté mucho la primera y tengo la supina esperanza de que no la caguen en la segunda. Es más, pude comentar Deadpool con todo el mundo, tanto con los pibes de Amaicha (equipo en el que juego al fútbol los sábados) como los de esa logia o secta de enanos que se pasa mirando películas de Woody Allen y asesinando ancianos
“empiezo a escribir de nuevo esta nota porque no puedo dormir”
Hecho: en algún momento de esta era, a pesar de que hay anunciados proyectos hasta el año 2725 después de Cristo, las películas de superhéroes pasarán de moda y dejarán de hacerse; algo así como le pasó al spaghetti western en su momento, y como le pasó al spaghetti. Entre todo lo que se hizo, entre todo lo que se filmó, a veces berreta y ridículo, también se hizo muy buen cine. Creo, nadie va a llevarme la contra en esta afirmación: la trilogía del dinero de Sergio Leone (Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía precio (1965) y El bueno, el malo y el feo (1966)) está entre lo mejor de ese cine y entre lo mejor de mucho cine; y creo, otra vez pienso que nadie me llevará la contra si afirmo que Batman, el caballero de la noche (2008) es, por lejos, la mejor película de tipos enmascarados de esta ola en el Mar de los Sargazos y es la que sobrevivirá, la que envejecerá mejor, porque no es sólo una gran película de superhéroes; es, como en caso de las cualquiera de las películas de Leone que nombré, una gran película. “escribir acostado para mí es un acto terrible, porque mi cama no tiene respaldo y está ubicada en el centro de la habitación, no sé cómo mierda llegó acá”. La otra película que creo que sobrevivirá o envejecerá con gracia es Deadpool (2016) de Tim Miller “ahora vuelvo a las líneas que taché anteriormente”, más que nada disfruté la primera y tengo la supina esperanza de que no la caguen en la segunda “no, no, esa frase modificada teniendo en cuenta que dije Deadpool de Tim Miller” realmente disfruté mucho de ella y tengo la supina esperanza de que no la caguen en esta segunda entrega. En su, y hasta este, momento pude comentar la película con todo el mundo, tanto con los de Amaicha (equipo en el que milito los sábados el Torneo de fútbol de Docentes en Quilmes) como con esa logia o secta de hombres y mujeres con enanismo que miran películas de Woody Allen y asesinan ancianos los domingos, y no pude escribir sobre ella en La Cueva de Chauvet “la puta qué me parió”, me puse a escribir sobre los Oscar, una nota no mala “sí, mala” la recuerdo con cariño “mala muy” muy atada al contexto quizá “Mala, simpática y graciosa, nada más”. Así con motivos de la secuela hablo de escribo sobre la primera, un crack.

Hecho: en algún momento de esta era, a pesar de que hay anunciados proyectos hasta el año 2725 después de Cristo, las películas de superhéroes pasarán de moda y dejarán de hacerse; algo así como le pasó al spaghetti western en su momento, y como le pasó al spaghetti.

¿Y de qué hablaba con los enanos psicópatas de la secta y con los Amaicha? Creo “no creo, en realidad estoy seguro” que el tema y recurso que se repetía y no se escondía en cada conversación, era, sonido de trompetas y estornudo de entrada, la cuarta pared, rota. Romper la cuarta pared no es sólo hablarle al público, sino algo más rebuscado, es dar cuenta al espectador que está viendo una película y que una película tiene una producción, dirección y actuación, es la puesta en crisis del contrato. Este recurso no es algo nuevo, existe desde la comedia de Aristófanes “se da más en la comedia ahora que me pongo a pensar”. Tipos como Woody Allen y Mel Brooks lo usan en sus películas pero en modos o con intenciones diferentes. Las películas de Mel Brooks suelen burlarse de los géneros y símbolos establecidos: el western en Blazing Saddles (1974); Star Wars en Spaceballs (1987) o Robin Hood en Robin Hood: Men in Tights (1993). La cuarta pared se rompe de modos muy ingeniosos en estas películas: personajes que consultan el guion, otros que muestran que la ciudad es puro decorado, otros que entran al cine a ver la película que están protagonizando y cosas así. Allen, por su parte, rompe la cuarta pared buscando explorar la relación entre autor y obra “quien les diga que escribir una nota es difícil, les miente, sólo hay que escribir bien, escribir bien no es difícil, escribir muy bien sí lo es. Sólo hay que ser claro, esa es la regla, ser claro para que el imbécil del lector no se pierda entre dos frases, dos párrafos y dos ideas diferentes”. Recuérdese la escena de la fila del cine y la escena final de Annie Hall (1977); ambas rupturas de la cuarta pared son producidas por personajes “autores” en relación a la obra, a la experiencia que llevó hacerlas y cómo el público debería recepcionarlas. Estas rupturas son confesionales, intentan lograr un acercamiento del artista con su público por medio, explicando el proceso de realización del acto artístico. Pero en Deadpool, en las rupturas de la cuarta pared no hay confesión, hay burla (pero no en un regodeo del ingenio como en las películas de Brooks), pero en búsqueda de una complicidad. Desde el momento que Colosso le pregunta a Deadpool con quién habla, el público se convierte en cómplice, porque Wade dice “con ellos” y nos señala. O sea establece una relación que ningún pers con los espectadores que ningún personaje tendrá, sin importar su poder o simpatía. La relación se afianza con las referencias constantes apelaciones y referencias que sólo el publico escucha y reconoce: cómo preguntar que profesor Xavier lo está esperando: “¿McaVoy o Stewart? Las tramas son muy complicadas”. Hay un gesto más, ya no de complicidad sino de protección hacia el espectador; cuando Deadpool se dispone a masacrar al personaje que él llama padre Maciel, rompe la cuarta pared moviendo la cámara que lo enfoca para que el público no vea algo abyecto que lo impresione. Conocen Seguro han escuchado o han dicho la expresión: No me río de vos sino con vos, viendo esta película me río con Deadpool de todos. Porque él como personaje deja en evidencia constante e intencionalmente lo estúpidos que son los superhéroes. No hay que pasar por alto que sean justamente los héroes que más cuestionan a los superhéroes (Batman por loco paramilitar y Deadpool por jodido bromista) los que películas más interesantes tienen “por qué no entendió eso el salame de Zack Snyder cuando adaptó el cómic que justamente cuestiona a los superhéroes de pe a pa, con más fuerza y más a flor de piel, The Watchmen del Maradona de comic Alan Moore, y que en su versión fílmica está llena de héroes y heroísmo. Sin palabras… después le dicen inútil al Presidente de la Nación, este Snyder le empata cualquier día”. Deadpool broma a broma, gag a gag, hace lo que hace, criticar a los superhéroes, sus maneras de vestir, sus nombres, poderes, genitales y vida privada, quizá ese sea su superpoder, hablar, hablarnos y sanar rápido sólo lo ayuda a decir el próximo conjunto de burlas. “Ya debe de haber estrenado Deadpool 2 para cuando ustedes lean estas palabras, y yo ya la debo de haber visto y disfrutado, después de todo, si sigue así la cosa, en la vida y en país, con ese FMI que es un supervillano, no me queda otra que preguntar OH ¿Y AHORA QUIEN PODRÁ DEFENDERNOS? El cine no, el cine no defiende, apenas si consuela… y eso ya es un montón”.

 

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