PUNTO CIEGO: DISFRUTE, MAGIA Y MISTERIO EN LA SALA OSCURA

Martín Basterretche es un director platense que actualmente proyecta su primer largometraje, Punto Ciego, en la sala Gaumont de Buenos Aires. Hay que decir, antes que nada, que se trata de un policial con una trama que recuerda a algunas películas de Hitchcock, pero sobre todo de su gran homenajeador Brian De Palma.

Todo transcurre en Santa Sofía del Mar, una pequeña ciudad portuaria que probablemente haya nacido de la imaginación del director, y que no parece tener referencia geográfica real. Hago la aclaración porque ese lugar imaginario, construido artificialmente con tomas que parecen hechas en los sórdidos recovecos del puerto de Buenos Aires, logra sin embargo crear una atmósfera de exotismo, que hace sumamente atractiva la historia que se nos cuenta.

Proas de gigantes barcos oxidados, fundidos con un paisaje urbano de calles sucias y pintadas en las paredes. Hay incluso una toma del frente de un hospital con una inscripción, sobre la gran puerta de entrada, probablemente trabajada digitalmente, que dice “Hospital de Santa Sofía del Mar”.

Cierto halo de fantasía lo envuelve todo en Punto Ciego. Mundo mágico que resulta de la pasión de este nuevo director por trasladar a la pantalla grande una historia que nace de su más pura imaginación ficcional. Los protagonistas de la narración son Ulises, encarnado por un creíble Álvaro Teruel (de Los nocheros), aspirante a director de cine que filma desde su ventana intentando encontrar la fórmula de una película original en la variopinta fauna de personajes que transitan habitualmente la esquina de su casa. Su divertido amigo Bruno (Luis Longhi), especie de periodista de investigación free-lance que busca desbaratar los secretos de una banda de piratas del siglo XXI. Y, finalmente, Marina (Corina Fonrouge), una bella y misteriosa joven que “entra a cuadro” y cambiará la película de Ulises pero también su vida.

La trama, como ya dije, recuerda mucho al cine de Hitchcock: un voyeur registra fortuitamente con su cámara una situación sospechosa y se involucra, con todas las peripecias que deberá atravesar a partir de eso. El interrogatorio en la comisaría, donde no le creen; su amor obsesivo por la extraña mujer que espiaba secretamente y ahora parece estar en peligro; y mafias de la piratería envueltas en planes siniestros.

Martín Basterretche se despacha en esta historia poniendo en escena todas sus pasiones cinéfilas: el policial, el misterio, la figura del director, cierto humor cálido y sutil presente en diálogos y personajes. Por último, la puesta en práctica de una amable concepción del cine, entendido como arte que entretiene y conecta a los espectadores con la maravillosa experiencia del disfrute dentro de la sala oscura.

Fotografía, montaje, sonido, música especialmente compuesta, son algunas de las destrezas técnicas que sabe desplegar esta película, dejando demostrado que es posible apostar, sin dejar la calidad de lado, a géneros poco frecuentes desde circuitos de producción que corren por los márgenes de la meca capitalina del cine.

Álvaro Fuentes es Profesor de Filosofía egresado de la UNLP. Hace unos años dicta talleres de Cine y Filosofía, y Cine y Psicoanálisis, en espacios de educación formal y no formal. Es editor del libro de análisis cinematográfico “La imagen primigenia, un enfoque multidisciplinar del cine”. Co-dirigió La ventana indiscreta, Revista de Cine y Filosofía, junto a Mariano Colalongo. Fundó La Cueva de Chauvet y la dirigió sus primeros años. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

veinte − 3 =