Sagas y no Sagat (fanáticos de Street Fighter no abstenerse)

A propósito de cuarentenas y papel higiénico, una reflexión sobre el fenómeno de las sagas o lo que se parezca.

Los  escribas de todas las revistas de cine del mundo, no me lo han dicho y no me lo dirán, tienen una fantasía: aprovechar una cuarentena al mejor estilo Decameron de Boccaccio, no para ver series y películas, sino para comentarlos. Y qué mejor manera de aprovechar un virus oriental que abarcando un tema casi inabarcable (Nota personal: la próxima nota ver todas las películas sobre las que escribo). Además, sabiendo que mis conclusiones van a ser desacertadas por lo grande del tema, ni ganas de tomarme el mismo en serio en esta distopía actual en la que falta papel higiénico.

Figuritas repetidas

   Definamos el objeto de estudio. La saga es… como… umm… eeeh… bueno no es una trilogía (Segunda nota personal: escribir una nota sobre trilogías). Digamos que es un grupo de películas, más de tres, que continúan una historia o derivan una historia a partir de un personaje o hilo conductor. Quizá esta nota no sea sobre sino para saber eso que ahora definí mal. Me gusta la idea de sagas medievales, diferentes historias en las que se repiten personajes y capaz que un personaje que era importante en una historia en otra es un cuatro de copas. La literatura del siglo XX siguió la lección de la Edad Media, por ejemplo Faulkner metía  un personaje con poca presencia en un libro y en el siguiente lo protagonizaba, lo mismo Onetti con el doctor Díaz Grey o con Jorge Malabia. En esa repetición de personajes es desde donde debemos dar nuestras primeras coplas. La repetición y la variación es una clave en las sagas, así que podemos remitirnos a dos figuras claves del cine: Chaplin y Keaton. Con ellos, cuando el cine no era lo que es hoy, entendió rápidamente algo que ya no olvidaría: si algo funciona, se repite cuantas veces dé la tela para cortar. Vamos, podemos ver tanto, y especialmente en sus etapas de cine mudo, la repetición del personaje de Charlot en Chaplin y el personaje impávido que se sobrepone a sus problemas en Keaton (Tercera nota personal: entre Chaplin y Keaton. Me quedo con Keaton). Un Momento, en su etapa del cine sonoro el personaje de Chaplin no cambió demasiado. El de Keaton si, el sistema de grandes estudios lo volvió un idiota. La idea de repetición de un actor/personaje como forma de saga abre un panorama enorme, porque no sólo tendríamos a Keaton y a Chaplin como hilo de sagas, podríamos sumar a Cantinflas o a los hermanos Marx… Woody Allen ¿Woody Allen? Si, él también… pero ¿es repetición de un personaje aunque no repita nombre, profesión, estado civil, pero si repite religión, estilo de humor, hipocondría y orientación sexual? Sí.

No coincido.

Detectives, espías, kaijus, espadachines y niños magos

   Un personaje unifica, da hilo a la saga. Pero piénsese en Sherlock Holmes; cuántas veces versionado, interpretado por diferentes actores, haciendo uno de ellos por insistencia de una marca registrada como el gorro de cazador o la frase “elemental, mi querido Watson” que en los libros no existe. Sin dudas me refiero al Holmes de Basil Rathbone que con catorce películas producidas por la 20th Century Studios se convierte en una saga en sí mismo, que a su vez se contrapone a las películas de Holmes de la Hammer protagonizadas por Cristopher Lee.  Una nota que se respete sobre sagas debería ser una nota sobre las productoras. Aunque si ambos Holmes repiten el mismo título The Hound of the Baskerville. No suman.

   Algo parecido ocurre con el agente 007, James Bond, interpretado por 6 actores, haciendo de algunos de ellos verdaderas sagas en el papel. Connery lo interpretó 6 veces, Moore 7 y Brosnan 4, pero sin demasiada relación el uno con el otro. Lo más parecido a un hilo conductor entre Dr. No (1962) y GoldenEye (1995) es que por ahí anda la Guerra Fría.

   Otro personaje que cambió de actor que lo interpretó y nunca se le dio mucha bola a la continuidad y que catapulta al susodicho como peor turista de la historia del cine (porque ciudad que visita, cuidad que destruye), es Godzilla con 29 películas producidas por la Toho y prácticamente inaugurando el cine kaiju. Acá podríamos ver que el fundamento de la saga no es la continuidad de la trama, no el avance de la misma, evolución o involución del personaje sino la repetición de la estructura: que Godzilla, como dirían los mexicanos, se parta la madre contra otro bicho grande.

Niños magos, juegos hambrientos y triángulos amorosos con vampiros y hombres lobo

   La saga de Harry Potter de 8 películas basadas en 7 novelas es como la saga perfecta a la hora de hablar de sagas. Tiene todo: más de 3 películas, actores que siguen en su papel una extensión en el tiempo, horda de fanáticos (toda nota sobre sagas que se respete debería ser sobre sus fanáticos y sus pedidos e inconformidades con respecto al fanservice), una historia que a partir de su continuidad de trama va de principio a fin. A tal punto funciona la idea de continuar el aluvión de películas que tomaron el último libro y lo partieron en dos películas: ¡qué trucazo!

Los juegos del hambre son un canto de amor a Jennifer Lawrence: la mejor intérprete de películas de acción que existe, superando incluso a The Rock. Hablar de sagas es como hablar de farmacéuticas, es hablar de plata.

   La saga de Crepúsculo  y Los Juegos del hambre le copian el truco a Potter (no importa quién lo hizo primero, al mago le salió mejor) de partir en dos la última parte, pero ambas son inferiores. Crepúsculo  y Los juegos del hambre son inferiores como saga, es decir, tienen menor cantidad de entregas, aunque las tres hayan recaudado unos vagones de guita. No he leído los libros de la de vampiros, los film son flojos, con un extraño sonambulismo en la interpretación de los actores. Los juegos del hambre son un canto de amor a Jennifer Lawrence: la mejor intérprete de películas de acción que existe, superando incluso a The Rock. Hablar de sagas es como hablar de farmacéuticas, es hablar de plata.

Mucha stars para tanta wars y carreras furiosas que no paran

   3 trilogías se dan en una saga despareja. Star Wars. No me odien, jedis y siths. Es evidente que el Episodio IV-La nueva esperanza y el Episodio V-El imperio contraataca cambiaron el modo de consumir cine y el Episodio VI-El retorno del jedi es realmente muy buena. Bueno son tres películas sagradas. El episodio I, II, III fueron condenadas a muerte no sé si con justicia o injusticia pero no podían conformar a generaciones tan variadas de fanáticos (y cuando hablo de fanáticos, con Star Wars empiezo a escRIBIR EN MAYÚSCULA, ES MÁS. STAR WARS ES UNA PUTA RELIGIÓN, UNA SECTA RESPETABLE QUE NO SACRIFICA HUMANOS PARA CELEBRAR SU PAGANISMO Y CONSAGRA UNA VIDA A PARTIR DE UNAS PELÍCULAS QUE LLAMAN A UNA FANTASÍA, LO CUAL NO ME PARECE UNA VIDA DESAPROVECHADA). Le perdono a George Lucas la movida política en sus precuelas y celebro sus efectos especiales en persecuciones y batallas; ahora bien, para dirigir actores y escribir diálogos, mamita querida. Puede pasar, los diálogos de Drácula de Bram Stoker de Francis “Yo dirigí El Padrino I y II y encima de todo: Apocalipsis Now” Ford Coppola tampoco me gustan demasiado. Vuelvan a ver el diálogo entre Lucy, cuchillo en mano con el cowboy Quincey Morris. Ni las ficciones de Polka se animaron a tanto eufemismo berreta para no decir pene. 

   El Episodio VII no me gusta, huele a espíritu adolescente, en ese vaivén histérico de te quiero y no te quiero entre Finn y Rey; está la muerte de Han Solo y Leia es lo mejor… O sea, es para discutir cómo maneja la saga el equilibrio entre novedad y nostalgia. Discusión que se resuelve en el Episodio VIII (mi preferida entre las nuevas) porque decepciona la expectativa de los nostálgicos dando la bienvenida a la impronta de los nuevos fanáticos. Star Wars es la madre de las sagas cinematográficas, no sólo por nacer desde el séptimo arte y luego ramificarse (lo contrario de Potter, Bond y Holmes) en cómics, novelas, libros de Historia, fichas de personajes, enciclopedias, series animadas. Disney tiene material desde donde explotar aún más a sus fanáticos. Un monstruo, un Boba Fett, una Estrella de la Muerte. Y todo unido a partir de nombre: Skywalker.

   La tensión entre lo nuevo y lo viejo es algo que la saga Rápido y furioso ha sabido “manejar” (¿se entiende? Porque en sus películas manejan autos), al punto que parece no importarle demasiado el ayer. Ojo, mantienen los guionistas una fidelidad con sus personajes y los directores con su público negándose a usar efecto por computadora. Miren la uno y miren la ocho y no hablemos de su spin off Hobbs & Shaw que se parece más a una película de los Vengadores que a una película con autos. La 1 es una película sobre carreras callejeras y un policía infiltrado. La 8 es una cosa que involucra organizaciones de espionaje, varios países, terrorismo… arpones de auto, etc. Esta saga cree algo que practica: siempre hay que evolucionar y evolucionar significa más grande y más costoso. Amen. Esa es la creencia de todo Hollywood.

Vengadores vengados

    The Avengers es como una saga con esteroides, es un universo cinematográfico que junta películas, en el cual una anticipa a la otra, una es el gancho de la otra, casi que una publicita la otra y esa otra publicita la siguiente. La cuestión con Marvel es que terminada esta primer ssssssssssuper saga con los héroes canon de la época dorada con la dividida en dos Infinity War, cómo sigue la segunda fase de sagas con nuevos héroes y con el peso de tener que recaudar el doble o triple a lo que costaron o costarán. No es casual que dos de las últimas tres sagas de las que hablamos sean de Disney que en cualquier momento reinicia la saga de X-Men. Si al cabo que siendo dueña (la productora) de una cantidad absurda de contenido, también es la posible dueña del público mismo. Cómo vengo diciendo, la historia de las sagas es una historia de fanáticos, dinero, de escenas inolvidables, de diálogos que aparecen en la I y se resignifican en la V, de escenas malas, de fidelidades y traiciones. Ahora hay que elegir una (recomiendo la de Locademia de policías o Viernes 13, de las que no pude hablar por falta de tiempo y espacio en esta cuarentena de la moral), y terminarla… eso es todo, amigos.

Pablo Osorio nació en Quilmes en 1984. Allí reside en la zona de Ezpeleta. Actualmente estudia el Profesorado en Letras en la Universidad Nacional de La Plata. Ha dictado talleres de narrativa. En el año 2012 publicó el cuento “Golpe de prólogo” en la colección Narrativa V. En el 2017 publicó el relato “Las monedas no tienen ni lado ni cruz cuando están en el aire” en la revista Jamster. Colabora en La cueva de Chauvet desde el 2016.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

9 + 11 =