SOBRE LO EXTRAÑO EN “EXTRAÑO” DE SANTIAGO LOZA

El siguiente ensayo retoma la película de Loza como excusa para desentrañar el concepto de lo extraño como lo no dicho, como lo inesperado, como un profundo proceso de cambio interno reflejado en el conflicto de sus personajes.

Hace unos meses vi por la ventana una mujer muerta. Así comienza la película Extraño (2004), que con su nombre parece definirse a sí misma a través de los ojos de su director Santiago Loza.
La película se centra en un posible conflicto interno del protagonista, que nunca se llega a vislumbrar, por lo cual lo que queda expuesto es más bien su silencio y el modo en que ese silencio acompaña y genera a su modo un diálogo con las personas que lo rodean. 

Esa misma noche soñé con un campo. Yo estaba recostado en el campo a la luz del día, había un viento suave, me hundía en el suelo. La tierra me tapaba de a poco, abajo era oscuro y estaba solo, abajo había silencio, era calmo y cálido. Vuelve a recitarnos la voz de Julio Chávez, su protagonista. Y resulta que ese diálogo en off es lo más representativo que nos va a contar sobre él mismo. Cuando habla se encuentra sobre un fondo negro, no hay luz que dibuje formas.  De a poco, lx espectadorx puede sentirse identificadx: igual que el fondo negro, la expectativa acerca de este relato resulta incierta, pero a la vez se adivina como sugiere la voz narradora: calma y cálida

De a poco se va desentramando una posible historia: el encuentro entre una embarazada (Valeria Bertuccelli) y Julio Chávez. Los diálogos son pocos. Sobre todo porque dependen de un protagonista que casi no habla. Es por esto que las voces del relato no develan ni hacen avanzar la historia. Si bien la misma avanza, la mirada nos invita a detenernos: detalles de un cuerpo, árboles que se mueven por el viento, el viento mismo adentrándose en esas hojas. El cuerpo callado del protagonista, del que podemos imaginarnos toda su historia ya que no la cuenta. Mejor dicho: no la dice, la calla, pero al callarla también la cuenta, al menos una parte.

Lo extraño en este relato, podría ser la pausa a la que nos invitan los silencios del protagonista. Nos propone escuchar las preguntas que tenemos y no poder responderlas, transformar el ansioso ¿qué va a suceder? por el ¿qué está sucediendo?
Lo habitual, lo normal, podría ser notar que los silencios le incomodan, que en el fondo está buscando decir algo, pero tampoco esto sucede, no se nos satisface con la llegada a un lugar común, a la salida habitual. El personaje es extraño.

Lo extraño en este relato, podría ser la pausa a la que nos invitan los silencios del protagonista. Nos propone escuchar las preguntas que tenemos y no poder responderlas, transformar el ansioso ¿qué va a suceder? por el ¿qué está sucediendo?

No es casual que el título de la película nos remita a Victor Sklovski, quien habla del ostranenie o extrañamiento para referirse al montaje que logra “arrancar el objeto de su contexto habitual y colocarlo en otro inesperado. El resultado de esta operación devuelve al conjunto -y no sólo al elemento desplazado- la perceptibilidad que su uso estereotipado le había cercenado y, en consecuencia, los hechos se presentan a la percepción como una ‘visión’ (como si fueran vistos por primera vez), en lugar de hacerlo como reconocimiento .

De esta manera, el personaje nos conmueve, nos saca del lugar común, a la vez que nos invita a ver de nuevo, como por primera vez. Y en este sentido podemos volver a la frase que el relato muestra al principio, que, como adelantándonos el final de la película, continúa diciendo: “mis manos se movían, los dedos estirados se hacían raíces, raíces como nudos, nudos que subían a la superficie y la perforaban”. Así transforma su hundimiento en la tierra en una salida, un hueco de luz que permite un volver a ver o un renacer. Y es que el final de la película se da en el momento en que el personaje de Valeria Bertuccelli da a luz a lx pequeñx que lleva dentro.

El encuentro entre estas dos personas que se acompañan dura casi todo el tiempo que dura el embarazo, y acaba cuando éste termina. Lo que nos cuentan parece ser entonces una experiencia de indagar en el adentro, en lo extraño que resulta salirnos de lo habitual, del cuerpo -que parece- estable. La indagación por los cambios, los cambios que producen nacimientos. En un caso, físicos y hormonales; en el otro, indecibles y extraños.

Fedra Delmas es licenciada en Artes Audiovisuales. A partir de la experiencia docente en ámbitos de educación popular y de su tesis “Mundos adentro del mundo” (documental realizado de manera conjunta con la comunidad protagonista) comenzó a indagar acerca del audiovisual participativo y de las dimensiones educativa y poética que lo componen.

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