UN LABERINTO EN OCTUBRE (PARTE 1)

Primeros apuntes sobre los siete films que forman parte de la competencia argentina de la edición 14 del FestiFreak.

 

La competencia argentina de la edición número 14 del FestiFreak consiste en siete largometrajes. Algunos son debuts “absolutos”, otros primeros largos de cineastas que ya habían filmado cortometrajes, y en tres casos películas de directores con al menos un largo en su haber. Como toda buena selección, ésta permite intuir un recorte —temático, estético, formal— sensato sobre el objeto a abordar —en este caso, el cine argentino contemporáneo— presentando, al mismo tiempo, una diversidad que deviene de la riqueza de miradas de los distintos cineastas. Documentales contemplativos, relatos de ciudad y juventud, historias de familia, preocupaciones cinéfilas y ensayos abiertos permiten entrever un cierto estado de las cosas del cine actual, que iré tratando de abordar en tres secciones, organizadas —por urgencia— en el orden en que se proyectarán las películas. Sobre algunos films me gustaría escribir textos más extensos, que —otra vez: por urgencia— quedarán para otra oportunidad.

I
La primera película que se va a proyectar[1] es La película infinita, segundo film del también crítico y archivista Leandro Listorti. A casi diez años de Los jóvenes muertos, su primer largo, Listorti —quien también colaboró como investigador y recopilador de material de archivo en Cuatreros, de Albertina Carri— filma una curiosa película de found footage, consistente en fragmentos de películas argentinas inconclusas. Planos con estilos diferentes se van sucediendo sin un criterio claramente definido (o, más bien, un criterio por momentos invisible, que empieza a cobrar sentido en visionados sucesivos): color y blanco y negro; material en buen estado y en estado dudoso; pruebas de cámara; formatos diferentes; film ligeramente marcado/arruinado. En algunos casos, nos encontramos con actores y actrices famosos (la Coca Sarli, Pepe Soriano, Rosario Bléfari, Ana Katz, Héctor Alterio), en otros con actores ignotos o poco conocidos. A veces es muy fácil adivinar de qué film se trata y otras veces es prácticamente imposible. Por ejemplo: si uno ya estaba al tanto de que una de las películas que componen La película infinita es Sistema español, largo que Martín Rejtman comenzó a filmar antes de su debut Rapado, la escena de Bléfari —pulóver al hombro— hablando por teléfono en una cabina rojísima y topándose casualmente con un Damián Dreizik vestido de militar resulta inequívoca. Algo similar ocurre con los planos animados de El Eternauta (Hugo Gil, Mario Bertoni y Roberto Gil, 1968), primera versión que intentó filmarse de la historieta de Héctor Germán Oesterheld (la segunda, de Lucrecia Martel, tampoco se terminó y también está presente en La película infinita).

Lo importante es que Listorti elige no poner intertítulos anunciando de qué películas se trata, y abre así un juego donde priman la aleatoriedad y el misterio. Y, sobre todo, el hecho de que cada plano, cada recorte, tenga una fuerza propia. Más allá de que uno pueda estar interesado en conocer datos específicos sobre cada fragmento, ya sea por haber quedado fascinado con ciertas imágenes o por curiosidad (¿de qué película será esa escena en blanco y negro de las chicas hablando adentro de un auto? ¿y ese otro de las bañistas tirándose coreográficamente a la pileta? ¿y aquel, oscurísimo, donde un hombre traza un círculo de tiza en el piso para luego recostarse imitando al Hombre de Vitruvio de Da Vinci?), la búsqueda de La película infinita está lejos de ser enciclopédica. “Hay algo del placer de ver imágenes que está muy presente”, dijo el director en una entrevista realizada en junio de este año por Lucas Granero para el sitio La vida útil[2]. Esto apunta, entre otras cosas, a la voluntad de no construir una “linealidad” (o, podríamos decir, una suerte de relato conceptual) a partir de los fragmentos encontrados. Esta ausencia de estructura se complementa con un notable sentido del ritmo de Listorti y el montajista Felipe Guerrero. Hay quiebres, rupturas, y también cruces y relaciones que enriquecen miradas sucesivas.

La película infinita tiene el triple valor de ser una película disfrutable, un potencial objeto de fascinación para el cinéfilo obsesivo y un film que atesora fragmentos de películas que en algunos casos, de no ser por el trabajo de Listorti, se hubieran perdido para siempre[3].

 

Uno de los puntos más atractivos de La omisión es la distancia que se presenta entre lo que efectivamente sabemos (los hechos que ocurren, lo que Paula dice, cómo Paula actúa) y aquello que la protagonista piensa y siente.

 

II
La omisión, primer largometraje de Sebastián Schjaer (director de los cortos Sin noticias de Shuster y Mañana todas las cosas, y co-director, junto a Martín Morgenfeld, de El pasado roto), se construye desde el misterio. Esa “omisión” del título, cargada de significados en el contexto de la película —misteriosos, pero no por eso menos palpables— puede pensarse, por ejemplo, en relación al juego de dosificación de información que propone el director-guionista. Ambientado en la Patagonia, el film cuenta algunos días en la vida de Paula (Sofía Brito), una joven que viajó al sur desde Buenos Aires para trabajar y reunir dinero para mudarse junto a su novio y su hija a Canadá. Una serie de acontecimientos laborales y sentimentales son el impulso para conocer al personaje y para hacernos partícipes de cómo su aparente universo de certezas se va derrumbando poco a poco.

Uno de los puntos más atractivos de La omisión es la distancia que se presenta entre lo que efectivamente sabemos (los hechos que ocurren, lo que Paula dice, cómo Paula actúa) y aquello que la protagonista piensa y siente. Esa omisión tiene mucho que ver con cierto tipo de personaje apático, poco comucativo, que el cine argentino ha explorado mucho, al menos desde la llamada “segunda ola” del Nuevo Cine Argentino en adelante. Lo que vuelve especial y distinguible al film de Schjaer es, por un lado, cómo esa incertidumbre contrasta con un tono corporal, físico, que —como ha señalado Ezequiel Boetti en Página/12[4]— tiene algo del cine de los hermanos Dardenne (y que hace que un tipo de abordaje recurrente en el NCA, como el del seguimiento del personaje principal filmando su espalda, acá cargue con una tensión inusual). Y, por otra parte, cómo la desazón creciente de la protagonista se enmarca en un espacio geográfico de características muy particulares, filmado con atención e interés. La crudeza del frío patagónico, las capas y capas de ropa (que ocultan, más aún, a una Paula de por sí inextricable), dialogan de forma efectiva con una errancia turbulenta que se vuelve forma y estilo.

Schjaer no establece una relación directa y estructural entre personalidad y paisaje (como sí hacía, por ejemplo, James Benning en su rarísima Landscape Suicide). Sin embargo, en la mirada de Paula —ni demasiado fría, ni demasiado oscura, ni demasiado vacía— se cifran dolores del pasado que parecen ponerse en juego definitivamente en la blancura desesperante del sur. Tampoco conviene dejar pasar el hecho de que un factor de malestar es la complicada situación económica, que obliga a Paula y su pareja a vivir separados y a dejar a la hija de ambos con una tía. La cuestión laboral y la aparición de un fotógrafo que intenta conquistarla son algunos de los elementos que parecen sacudir a Paula. ¿Pero realmente esos sucesos alteran un orden, o en realidad su malestar es anterior? El recurrente ringtone que suena en varias ocasiones (a veces Paula deja pasar varios segundos y atiende, otras veces lo ignora) evoca una incomodidad y una duda: ¿hay desidia en ciertas acciones o un plan concreto que los espectadores ignoramos? Nada se resuelve con claridad en La omisión, una película seca como su protagonista, que busca sin cesar un equilibrio entre la narración concisa de un relato y la fragmentación emocional.

 

[1] La película infinita se proyectará el viernes 12 de octubre a las 18.45 en Cinema Paradiso y La omisión el sábado 13 a la misma hora y en la misma sala.

[2] http://lavidautil.net/2018/06/06/un-mapa-enterrado-sigue-siendo-un-mapa-entrevista-con-leandro-listorti/

[3] En la entrevista citada anteriormente Listorti se explaya sobre las dificultades que tuvo que afrontar para conseguir el material que compone su film.

[4] https://www.pagina12.com.ar/126243-una-mujer-contra-todo

 

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Alvaro Bretal
Nació en La Plata, Provincia de Buenos Aires. Es estudiante avanzado de las carreras de Licenciatura en Sociología y Profesorado de Sociología (FaHCE-UNLP). Escribe en las revistas digitales La Cueva de Chauvet, Détour, Tierra en trance y Caligari, y en el portal web indieHearts.

1 Comentario

  1. En la charla post proyección en Festifreak, Listorti confirmó que está preparando un libro sobre películas no terminadas. Seguramente será un must.

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