UN LABERINTO EN OCTUBRE (PARTE 3)

Tercera tanda de apuntes (de cuatro) sobre los siete films que forman parte de la competencia argentina de la edición 14 del FestiFreak.

 

En el tercer bloque —al menos como lo estamos dividiendo en estas notas— de la competencia argentina del FestiFreak encontramos dos documentales: Soldado, segundo largometraje de Manuel Abramovich (quien pocos meses después estrenaría Años luz, película que documenta la filmación de Zama de Lucrecia Martel), y La nostalgia del centauro, largo debut de Nicolás Torchinsky[1].

V

Soldado continúa la línea documental que Abramovich había planteado en su cortometraje La reina (2013). Es decir: el seguimiento cercano de un personaje durante un proceso de aprendizaje. En La reina se trataba de una niña que tenía que cargar con una corona de cuatro kilos para desfilar en un carnaval. En este caso, de un joven (Juan José González) que lleva adelante el entrenamiento para convertirse en soldado; más específicamente, en ejecutante del tambor en la banda militar. En ambos casos, la cámara se acerca lo más posible a la nuca, la cabeza, el rostro del protagonista. En lugar de centrarse en lo que ve, Abramovich pone el foco en sus reacciones; a veces de queja y dolor (principalmente en La reina), otras veces conteniendo sus emociones, en un contexto donde lo único que se tolera es la expresión adusta e inerte (principalmente en Soldado).

En Soldado podemos ver a Juan José entrenando, marchando, practicando su instrumento, tomando clases teóricas y aprendiendo a doblar las sábanas (los lunes y miércoles se doblan de una forma, los martes y jueves de otra, los viernes de otra), entre muchas otras cosas. Si algo resulta indudable es que Abramovich sabe qué quiere mostrar y cómo mostrarlo. El estilo es riguroso. Es todo un mérito que, dentro de un planteo formal acotado, el director logre crear tantos momentos atractivos. Abramovich descubre, en el estrecho universo de la formación militar, un universo rico en formas, movimientos y colores. También hay algo notable en relación al retrato de Juan José: mucho antes de que se encuentre con su madre —en uno de los pocos momentos en que lo vemos fuera del espacio castrense— y le diga con la mirada perdida que el entrenamiento “es distinto a lo que pensaba”, ya podemos percibir que la disciplina militar le genera incomodidad y malestar. La cámara de Abramovich es creativa y, en más de una ocasión, sensible.

Del visionado de Soldado, sin embargo, surgen algunas preguntas, que podrían funcionar como disparadores de debates, no solo para el film en sí mismo sino para cierto cine “observacional” en su conjunto. Principalmente, me llama la atención la ausencia de tensiones. Abramovich tiene la capacidad de capturar momentos sutiles de gracia, molestia o ternura, pero en ningún momento aparece en escena una problematización del universo retratado. Y esto ocurre en una película que transcurre en un espacio de formación militar; espacio cuya carga política en un país como Argentina es indudable. Esto no significa que el film tenga que subrayar violencias (tal vez inexistentes durante la filmación de la película; es imposible saberlo) o ser didáctico. Sí sorprende que, entre todos los tonos que se hacen presentes en el documental, la tensión o la agresión se encuentren casi ausentes; apenas sugeridos en un jefe que grita más de lo necesario o en alguna aislada respuesta antipática. Creo que vale la pena preguntarse si el cine llamado “observacional” no es compatible con una problematización, un cierto posicionamiento, en relación al universo retratado[2]. Es en este sentido que por momentos Soldado parece esconder más de lo que muestra, más allá de que lo que muestra tenga méritos indudables.

 

El estilo es riguroso. Es todo un mérito que, dentro de un planteo formal acotado, el director logre crear tantos momentos atractivos. Abramovich descubre, en el estrecho universo de la formación militar, un universo rico en formas, movimientos y colores.

 

VI

La nostalgia del centauro presenta a una pareja de gauchos (Juan Armando Soria y Alba Rosa Díaz), ambos ancianos, que viven en el monte, rodeados de animales. Durante gran parte del documental, Torchinsky retrata el día a día de la pareja, mientras toman mate, barren su casa, recitan coplas, trabajan el cuero o interactúan con sus cabras. La estructura del film nos lleva de un nivel fuertemente abstracto —formas difíciles de distinguir, oscuridad, paisajes nocturnos misteriosos, el crepitar del fuego— a un reconocimiento cada vez más claro de las formas, los espacios y las actividades. De a poco vamos conociendo mejor a los protagonistas, el lugar en el que viven y las tareas que realizan. Se va haciendo de día; la mayor luminosidad nos ofrece un abordaje más directo de los gauchos y su mundo.

Las secuencias se suceden sin un orden evidente (más allá de que el film comienza de noche y luego pasa suavemente al día, para oscurecer otra vez al final): él camina entre la niebla y en las montañas nevadas, y le recita coplas a otros gauchos más jóvenes mientras ellos trabajan con las cabritas. Ella camina entre los pastizales, limpia la casa y se acerca a un monte donde se erige una cruz enorme, mientras la escuchamos rezarle en off a San Antonio. En cierto punto, pasado la mitad del documental, ambos se presentan ante la cámara —primero ella, luego él— para contar sus historias: cómo se conocieron, por qué decidieron formar una pareja y cómo fueron los años de adultez, con anécdotas centradas en sus trabajos, el tiempo de ocio y las problemáticas económicas.

En todo momento, el trabajo visual y sonoro es cautivante, con una cámara que busca la belleza huyendo de lo directo y cristalino (es notable, por ejemplo, el uso que hace Torchinsky del fuego, la niebla o las sombras, o las decisiones de montaje de Ana Poliak) y un diseño sonoro que, tanto gracias a la utilización oblicua de los sonidos rurales como a la música de Pablo Butelman, establece todo el tiempo un distanciamiento, un contrapunto, con el mundo de Juan y Alba. El punto más problemático de La nostalgia del centauro reside, creo, en cierta indecisión en cuanto a la distancia del retrato. El film busca acercarse con calidez a sus personajes y, sin embargo, todo el tiempo interpone en el camino desvíos y turbulencias. Los desvíos y turbulencias están logrados pero, llegado cierto punto de la película, uno desea saber algo más sobre Juan y Alba. Ese algo más se hace presente en los relatos de los protagonistas, y allí Torchinsky sí opta por retratarlos de forma frontal, con un estilo que choca con las búsquedas poéticas precedentes. En cierto modo, en La nostalgia del centauro anidan en tensión la elusión y la claridad, la comprensión y el distanciamiento. El resultado es extraño, pero no tanto como para resultar fascinante, y tierno, pero no tanto como para resultar sobrecogedor.

 

[1] Soldado se proyecta el martes 16 a las 18.45 en el Cinema Paradiso, y La nostalgia del centauro el miércoles 17, a la misma hora y en el mismo lugar.

[2] Incluso un cineasta considerado central para el cine “observacional” (o cinéma-vérité) como Frederick Wiseman se cansó de repetir que tanto en la instancia de filmación como en la de montaje se toman decisiones: “Yo no manipulo los eventos, pero el montaje es muy manipulativo y la filmación es muy manipulativa, no en el sentido de que la gente hace las cosas diferentes en relación a cómo las haría ordinariamente, sino en la forma en que la gente es filmada. Particularmente, qué elegís filmar, la forma en que lo filmás, la forma en que lo montás y la forma en que lo estructurás” (en entrevista con Kaleem Aftab y Alexandra Weltz para Film West. Irish Film Journal; disponible online; traducción propia). Esto lo llevaba a distanciarse, y criticar, la idea de que el cine pudiera “capturar la realidad”, o ser objetivo o puramente observacional.

 

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Alvaro Bretal
Nació en La Plata, Provincia de Buenos Aires. Es estudiante avanzado de las carreras de Licenciatura en Sociología y Profesorado de Sociología (FaHCE-UNLP). Escribe en las revistas digitales La Cueva de Chauvet, Détour, Tierra en trance y Caligari, y en el portal web indieHearts.

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